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Profesionales 20-30: Ser genuino en el trabajo es una ventaja competitiva

La cuarta revolución industrial asociada con la digitalización está por tomar mayor fuerza y el Foro Económico Mundial proyectó que el 50% de los puestos de trabajo actuales van a desaparecer o tendrán grandes modificaciones en la década que está por venir.

Aunque este no es el tema central, sirve como marco para establecer nuestra primera premisa: si el entorno va a cambiar; si las empresas se dirigen hacia uno de lo mayores cambios de la historia; y si el mundo, en general, va a cambiar, inherentemente, quiere decir que el perfil que las organizaciones van a requerir de los líderes y profesionales va a modificarse también; por esto debemos desarrollar nuevas habilidades para triunfar en esta revolución.

A pesar de que hay muchas habilidades y características que serán claves para la próxima década, quisiera que nos centráramos en una de las más difíciles de procesar y que nos genera más de un “corto circuito” en nuestra mente, no por ser un concepto difícil, sino, principalmente, porque nos enseñaron todo lo contrario. Además, hacer cambios en nuestro sistema de creencias son siempre un reto, pero casi siempre con resultados muy positivos.

Estamos hablando de una de las principales claves en el camino de ser genuino y es el concepto llamado “vulnerabilidad”, aplicado al ámbito profesional y de liderazgo.

Comencemos por definir el término “vulnerable”, el cual es un adjetivo utilizado para referirse a una cosa o persona que puede ser dañada o recibir lesiones, bien sean físicas o morales. La palabra “vulnerable” es del origen latín vulnerabilis, formada por vulnus, que significa ʽheridaʼ, y por el sufijo “-abilis”, que expresa ʽposibilidadʼ; por lo tanto, es ʽla posibilidad de ser heridoʼ.

Esto es todo lo contrario a lo que nos han enseñado sobre ser megaprofesional o un líder mesiánico inquebrantable, que no muestra emociones. En los que reconocer una equivocación o pedir ayuda es símbolo de debilidad; los jefes deben saberlo y resistirlo todo, deben mostrarse grandes, sin temores, sin puntos de mejora, entre otras cosas.

Hace unas semanas, estuve en unas conferencias de carácter mundial fuera del país; uno de los conferencistas era un alto ejecutivo de una gran transnacional, un tipo joven con mucha proyección que parecía tener el mundo en sus manos. Hablaba con seguridad delante de seis mil personas, como si nada lo intimidara. A este punto, debo decir que he estado en el negocio de los eventos por muchos años y he escuchado un gran número de conferencistas, por lo cual, me pareció que todo transcurría con normalidad, pero, esta vez, sucedió algo que nunca había visto y que me marcaría: cuando este ejecutivo estaba en medio de su discurso y hablaba de su visión hacia la comunidad y cómo su equipo de liderazgo podía aportar más a la cuidad, fue tanta su emoción que, de repente, se le empezó a cortar la voz; sus palabras dejaron de ser más fluidas; su mirada, a través de las pantallas, se veía vidriosa, llena de ilusión, como quien se refiere con profunda admiración sobre algo más grande; fue tal que llegó al punto de acabar casi llorando. Lo que pudo interpretarse como un signo de inseguridad o debilidad tuvo un efecto increíble en la audiencia, un efecto contrario, dejamos de ver a ese CEO inalcanzable y, de repente, veíamos una persona genuina, auténtica, cercana y, sobre todo, “vulnerable”. En ese momento, estábamos conectados con él, su mensaje y su visión. Después de escuchar tantas conferencias en todos estos años, estoy convencido de que un mensaje más estructurado, previamente aprendido, con conceptos más técnicos (como ocurre en la mayoría de eventos) hubiese sido más cómodo para el orador y con menos riesgo, pero ser genuino nos marcó a todos los oyentes.

Actualmente, los grandes estudiosos del comportamiento humano en las empresas han encontrado que este tipo de liderazgo es con el cual las personas, los equipos y las empresas se sienten más cómodos al trabajar. Solo imagínese este escenario: qué pasaría si nos quitamos la presión de ser los líderes o los profesionales obsesionados por mostrarnos los más fuertes, poderosos, inteligentes, calificados e innovadores, y cambiamos todo eso por la comodidad de ser nosotros mismos, de ser honestos con nuestros altos y nuestros bajos, de decir con total tranquilidad que no sabemos o, incluso, que nos equivocamos, de cambiar ser el más fuerte por el ser mas humano. Esto, inherentemente, nos hará personas más creíbles, más autenticas y balanceará nuestra energía y nuestras emociones para afrontar, de manera correcta, la presión cotidiana.

La revista de negocios Harvard Business Review realizó, en el 2011, un estudio entre seis países de diferentes continentes y demostró cómo líderes y profesionales humildes, altruistas y genuinos aumentan la innovación, el trabajo en equipo y el compromiso de sus compañeros. Además, facilitan la adaptación de los equipos y mejoran considerablemente la eficiencia de las personas.

Si estás convencido de esto y quieres empezar a experimentar cambios positivos en tu interacción profesional, te compartimos algunos principios que pueden ayudarte en ese proceso:

1) Ser vulnerable no es ser débil, es ser valiente: Peter Bregman, fundador de la consultora de liderazgo Bregman Partners, desarrolló, en uno de sus estudios, que las personas inseguras y con poca confianza no lograr permitirse ser vulnerables, pero que, contrariamente, las personas con más confianza en sí mismos logran mostrar cada vez más de sí a los demás y están dispuestos a hacerlo porque no temen que alguien más se aproveche de eso. Una de las principales exponentes de este tema es Brené Brown, quien dijo “ser vulnerable es mostrarse verdadero y valiente. Ser veraz y valiente no es siempre cómodo, pero definitivamente nunca es sinónimo de debilidad”.

2) Usa tus propios errores como métodos de aprendizaje: Cuando el líder admite sus propios errores, los pone en perspectiva, les muestra a otros cómo creció aprendiendo de ellos, muestra sus imperfecciones y enseña a través de su ejemplo; le da espacio a sus compañeros de sentirse confortables al fallar y de intentar cosas nuevas; factores claves en el ecosistema de la innovación. Las personas tienden a conectarse mejor con estos líderes, a sentirlos más humanos, más “como nosotros”, principalmente en empresas diversas donde se generan ambientes inclusivos y de respecto.

3) Genera espacios donde los demás puedan ayudarte: El sabio Salomón decía “en la abundancia del consejo está la sabiduría”. Propiciar espacios de diálogo donde se puedan pedir opiniones o consejos a los colaboradores que están a tu cargo sobre decisiones importantes genera conexión y compromiso, además de un sentimiento real de importancia; y las personas se enfocan en generar valor a las decisiones de la organización. Contrario a los líderes que están enfocados en ganar siempre sus argumentos en las conversaciones y tomar la mayoría de decisiones sin explicarlas o alimentarlas con otros puntos de vista. Pedir ayuda y opiniones sobre distintos planteamientos hace que las relaciones del equipo mejoren enormemente. Si reconocemos que no tenemos todas las respuestas, la dinámica del equipo cambiará y se generará un ambiente de mayor colaboración entre las personas que forman parte del proyecto.

4) Baja el escudo e inspira a los demás: En Australia, la conocida escuela de negocios llamada “Australia’s Macquarie Graduate School of Management” hizo una investigación de varios CEO que tenían en común que, como característica principal, habían generado un crecimiento exponencial y un éxito profesional notable; y la vulnerabilidad fue uno de los rasgos claves y presentes en todos. Uno de los profesionales en estudio, de origen alemán, dijo que su equipo de más de 60 personas le reprochaba constantemente que él era muy directo e irrespetuoso para decir las cosas y que, una vez, reconoció en una reunión general su error y se comprometió ante todos a crecer en esa área de su vida; el resultado fue un equipo mucho más comprensible, con apoyo a sus metas y reconoció que esa reunión fue el punto de partida para que, seis años después, su empresa haya tenido un crecimiento radical con respecto a sus competidores.

En resumen, ser genuino, vulnerable y auténtico ayuda a fortalecer la confianza de los demás, lo cual es de muchísimo valor para las organizaciones. La sociedad y los equipos buscan cada vez más profesionales que se muestren abiertos, honestos con tus valores, principios y convicciones. Los líderes que deseen tener un comportamiento genuino deben comprender que esto supone admitir los errores, mostrar las emociones y no esconderse detrás de las caretas profesionales que nos enseñaron. No existe la autenticidad sin vulnerabilidad.

Irónicamente, cuando no nos importe mostrarnos vulnerables, es cuando nos volvemos mas invulnerables, ya que nos damos cuenta de que mostrarnos como somos, pedir ayuda, decir “no lo sé, pero voy a averiguarlo”, entre otras cosas, hará que nos deje de afectar lo que los demás piensen y comencemos a caminar y disfrutar de la seguridad de ser nosotros mismos y de lograr inspirar a otros.

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